La educación superior en nuestro país, como en todo el mundo, viene afrontando nuevos retos y desafíos. Las nuevas tecnologías han invadido practicamente todas las áreas del humano saber; cada vez hay mayor demanda de programas de educación superior; los usuarios o clientes de los servicios de educación superior son cada vez más exigentes; integrantes de nuestra sociedad que antes no tuvieron acceso a ella, también reclaman su cuota de participación. Es momento de reflexionar un momento y, en un intento de avisorar el futuro -sin descuidar el presente- ensayemos un escenario ideal.
En la segunda mitad del sigo XX se produjo un vertiginoso avance de la ciencia y la tecnología; muy especialmente en las tecnologías de la información y la comunicación (TIC). Hoy en día, somos usuarios o consumidores de esas tecnologías, las mismas que han venido aliviando el esfuerzo a desarrollar en nuestras actividades cotidianas. Es necesario hacer una profunda reflexión: Es lo correcto que quienes nos dedicamos a la educación (superior) seamos, y promovamos que nuestros discípulos también sean, CONSUMIDORES FINALES de las nuevas tecnologías?. Es que acaso un centro de enseñanza del más alto nivel no deberia estar en las condiciones de producir nuevas tecnologías y no ser un mero consumidor de ellas?. Estas interrogantes -y muchas más- son las que nos debemos hacer y es momento, ya, de ser consumidores de información y tecnología, dar el gran salto y empezar a ser productores de ellas. Eso es lo que nuestra sociedad reclama.
Conjuntamente con el fenómeno antes descrito, tenemos la creciente demanda por la formación profesional. Los grandes empleadores (incluido el Estado) cada vez son más exigentes; se requieren profesionales capaces, actualizados, proactivos, etc. La Universidad, institución milenaria, viene ofreciendo los programas o las carreras profesionales que la sociedad verdaderamente necesita?. La sociedad, corresponde o contribuye de alguna manera al titánico esfuerzo de hacer educación superior?. Es el momento de hacer un análisis exhaustivo de qué es lo que sociedad quiere de la universidad; y qué necesita la universidad, de la sociedad. De esta manera se irá acortando la brecha existente entre la universidad y la sociedad.
Sin el menor pudor, podemos -y debemos- hablar de usuarios o clientes de la educación superior. Hay solo una forma de hacer educación: con dinero; sea éste proveniente del tesoro público o, de la inversión privada. Durante mucho tiempo se habló y se sotuvo que la educación (incluida la superior) no tienen fines de lucro. Una terrible equivocación que arrastró a las instituciones educativas hacia el letargo. Hace muy poco se ha tomado conciencia que uno de los principales fines que persigue la educación es también la satisfacción de las necesidades, tanto personales como colectivas (familia, sociedad, nación). Si hablamos de satisfacción de necesidades, estamos abordando temas económicos. Si uno logra satisfacer sus necesidades, eleva su nivel de calidad de vida; y al hacerlo, sucede lo mismo con su familia y la sociedad. En este contexto, y como una reacción natural, las exigencias son cada vez mayores: se exige CALIDAD, muchas veces sin reparar en el amplio significado del término; se exige INNOVACIÓN, la misma que cada vez es más efímera; se exige PRESTIGIO, aunque ya sabemos que la universidad no hace al alumno, sino el alumno hace a la universidad. Reflexionemos: Estamos, las universidades, atendiendo las exigencias cada vez más crecientes de nuestros usuarios o clientes?. Nuestros usuarios o clientes, saben elegir la institución que verdaderamente colme sus expectativas?.
Gracias al avance de las tecnologías de la información y la comunicación, hoy en día, cada vez más personas que antes no pudieron acceder a la educación superior, pueden hacerlo. Las amas de casa que se dedican al cuidado de los hijos y del hogar, ya no necesitan abandonar a los suyos para "asistir" a clases; pueden hacerlo desde la comodidad de su hogar. Los impedidos físicos, ya tienen una gran alternativa para cursar los estudios que tanto ansiaban y que las anteriores generaciones no pudieron hacerlo. Los trabajadores que, por situaciones laborales, no pueden cumplir con la rigidez de los horarios escolarizados. Hasta, por último, aquella persona que no desea someterse a reglas de asistencia y puntualidad. Todos ellos, ahora, pueden acceder a la educación superior, sin importar distancias ni tiempos. Pero, existe la seriedad o la confianza de que la formación bajo esta modalidad está plenamente garantizada?. La sociedad está preparada, realmente, para estas nuevas formas de estudio?.
Con el mayor optimismo, podríamos decir que, estamos caminando en el sendero del desarrollo de la educación superior universitaria. Hay mucho por hacer, pero lo más importante es que ya se están dando los primeros pasos. Es el mejor momento para que todos los integrantes de la sociedad asuman el rol que les toca desempeñar e impulsemos la educación, considerándola como el principal factor de desarrollo de cualquier nación.