Para el tan ansiado desarrollo de nuestro país, es muy necesario continuar en la ruta del crecimiento económico, debemos contar con seguridad integral, un contexto donde las inversiones gocen de confianza para apostar en los sectores de la economía nacional. Sin embargo, observamos un gran avance de la criminalidad, por ejemplo: el terrorismo, el narcotráfico y la delincuencia común; ante este clima de inseguridad, el Gobierno debería establecer políticas públicas coherentes –a corto, mediano y largo plazo– a fin de reducir o erradicar la ola delincuencial.
Reconocemos el desacuerdo manifestado por algunos congresistas respecto a la propuesta del Ejecutivo en cuanto al incremento del Presupuesto Anual 2013 para la defensa y seguridad ciudadana, que sería ínfimo para la recuperación de la capacidad operativa de las Fuerzas Armadas y Policía Nacional. Sabemos que, hace más de dos décadas, estas instituciones perciben sumas irrisorias que no les permite cumplir con sus metas y objetivos trazados.
Por otro lado, el Estado Peruano mantiene una deuda de más de 800 millones de nuevos soles a los deudos de militares y policías, quienes ofrendaron su vida en cumplimiento del deber, ya sea en zonas de emergencia o enfrentando a la delincuencia común; sin duda, esta situación es injusta, tomando como referencia que existen procesos judiciales que se alargan por muchos años, siendo los principales perjudicados los familiares directos de los caídos, quienes tan solo reclaman un derecho que les asiste por tan lamentable pérdida.




