El país vecino de Bolivia enfrenta, desde el 21 de junio, una huelga policial que viene agudizando debido a la falta de voluntad del gobierno de Evo Morales, quien no da solución a las demandas de los uniformados respecto a la mejora en los salarios, pese a que es un sector importante en el mantenimiento de la paz y tranquilidad en la población. El gobierno boliviano debería hacer el mejor de los esfuerzos para solucionar este problema; pero, lejos de ello, lo que es sabido y hecho público por los propios policías, solo se pretenderá dar solución con bonificaciones y no con una mejora salarial sustantiva.
Esta protesta, sin duda, afecta al país en su conjunto; por un lado, la medida de fuerza adoptada por los policías y, por otro, la intransigencia de las autoridades, afectan la seguridad interna del país, dejando a la población desprotegida y a merced de los delincuentes, la actividad económica del país totalmente insegura.
Pero, esta paralización no solo afecta a la seguridad, también debilita al gobierno altiplánico, más aún cuando pareciera que el Gobierno pretende enfrentar a sus seguidores con los policías en huelga; estos hechos generan desorden y caos; y podrían producirse muertes innecesarias, por cuanto los policías portan sus armas de reglamento y, ante una provocación y/o agresión con objetos que los dañe, podrían hacer uso de las armas que poseen, provocando lesiones o muertes que después lamentarán.
Estos hechos deberían servir de ejemplo a nuestras autoridades, pues el problema salarial de nuestra Policía y de la FFAA es postergado desde hace más de 20 años. La interrogante es ¿Qué esperan nuestras autoridades? ¿Acaso que también se acate una paralización?; ¿es que no se dan cuenta de que un hecho de esta naturaleza no solo afectaría la seguridad interna de nuestro país, sino también el crecimiento económico?


