martes, 18 de octubre de 2011

La seguridad y las instituciones

En nuestro país la violencia interna generada por el terrorismo, principalmente desarrollada en las décadas de los 80 y 90, generó una serie de consecuencias como: incremento de la delincuencia, pandillaje, incremento del tráfico ilícito de drogas, trata de personas, entre otros. Estos se generaron y desarrollaron porque las instituciones, principalmente la policía, descuidaron estos aspectos por abocarse a la lucha contra el terrorismo, a brindar seguridad a personalidades, instalaciones públicas y privadas que fueron blancos potenciales de estos criminales. Entonces, el rol principal pasó a un segundo plano.
Debemos recordar que la Policía Nacional no se dio abasto para enfrentar el terrorismo, es por ello que las Fuerzas Armadas acudieron en su apoyo, sobre todo en las zonas declaradas en emergencia, para poder tomar el control y de esta manera controlar e impedir el avance de la ola delincuencial y criminal que avanzaba sin piedad, arrasando todo aquello que les era un obstáculo para conseguir sus objetivos: la toma del poder.
La fuerza policial se concentró en las ciudades, en la lucha contra el terrorismo, dejando de lado -en gran medida- la lucha contra la delincuencia y desguarneciendo a la población. Es allí donde nacen organizaciones criminales dedicadas al secuestro, al asalto a mano armada, creando inseguridad en la ciudadanía, obstaculizando el logro del desarrollo del país, sobre todo en el sector económico. Frente a esta problemática se crean los cuerpos de “serenazgo” para cubrir la deficiente labor de la policía en ese entonces.
Actualmente, tenemos instituciones como la Policía Nacional, las Fuerzas Armadas y el serenazgo desarrollándose, sobresaliendo cada uno por su cuenta y pretendiendo así obtener mayor protagonismo en determinados hechos o acontecimientos, sin tener presente que uno puede ser complemento del otro, porque el objetivo es lograr el bienestar y la paz social de la ciudadanía.
Hoy surgen propuestas para que el orden interno, que es competencia de la policía, sea asumido por el serenazgo, con su consiguiente protagonismo, sin tomar en cuenta los fines para los que fue creado. Observamos a diario la detención e intervención de personas, alterando –en algunos casos- la escena del crimen por su desmedida participación, esta situación dificulta las investigaciones que se deben hacer con la seriedad del caso.
Por otro lado, las Fuerzas Armadas en las zonas de emergencia pretenden intervenir no solo en casos de terrorismo, sino también en el tráfico ilícito de drogas, tala ilegal y trata de personas. Esto constituye un grave error, pues va más allá de sus funciones y atribuciones. Los miembros de las Fuerzas Armadas no están preparados en los temas antes señalados, descuidando su función y no abocándose a la seguridad nacional, la integridad territorial y garantizar los intereses de la Nación.

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