Mientras el Perú celebraba la excelente labor de la PNP y las FF AA por la captura de “Artemio”, la delincuencia común planeaba dar un duro golpe a la seguridad, poniendo en evidencia las carencias de seguridad en los penales y la falta de voluntad de algunas autoridades, amén de la corrupción, que constituye una lacra muy difícil de vencer, sobre todo sin voluntad y decisión firme.
Uno de los principales problemas que aqueja al país más allá del terrorismo, el tráfico ilícito de drogas y el crimen organizado es la corrupción en todos los ámbitos. Si este problema no es tratado adecuadamente, incluso los vinculados con la seguridad, probablemente los esfuerzos que se realicen para combatir la delincuencia serán insuficientes y carentes de sostenibilidad, por ello se requiere el compromiso de todos los sectores para trabajar hacia un solo objetivo. Probablemente todos nos interroguemos ¿dónde se planificó la fuga? ¿Quiénes tomaron la decisión de trasladarlos a ese penal? ¿Cuáles son las razones que justificaron esta decisión? El fiscal de la Nación solicitó que se recapture vivo o muerto al delincuente “El Burro”. Eso se logró, pero dicha solicitud no iba acorde a sus funciones, sobre todo cuando existe una excesiva demora en los procesos judiciales que permiten su liberación por exceso de carcelería sin ser sentenciados y luego vuelven a sus andanzas, como el reciente hecho en Los Olivos, que provocó que un niño fuese herido y después de tres días falleciera. Como dice el viejo dicho, “unas son de cal, otras de arena”

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