Uno de los grandes problemas que deberá enfrentar el nuevo gobierno será -sin duda alguna- la lucha contra el tráfico ilícito de drogas. Si tomamos en cuenta las últimas cifras reveladas por la Organización de las Naciones Unidas y de acuerdo con su último reporte, el cultivo de la hoja de coca en nuestro país se ha incrementado en el orden del 2,2% en el último año, pasando de 59.900 a 61.200 hectáreas de sembríos de cultivos de esta planta. Este hecho, a simple vista, da muestra clara que existe un aumento en la elaboración de drogas derivadas de la hoja de coca, porque es obvio que los defensores de este cultivo no nos dirán que se ha producido un aumento en el consumo tradicional.
Otro dato que debemos tomar en cuenta es el cultivo en el VRAE. Este valle se ha convertido en una de las principales cuencas de producción de la hoja de coca, lo que representa un mayor peligro, toda vez que esta zona tiene gran influencia y presencia de las huestes del terrorismo, que a la luz de los hechos hasta hoy no se han logrado resultados importantes en la lucha contra este flagelo, muy por el contrario, se viene evidenciando una alianza entre los terroristas y traficantes de drogas.El incremento del cultivo de la hoja de coca, la alianza entre el terrorismo y el tráfico ilícito de drogas son dos factores que por sí mismos son complicados al enfrentarlos, ya que el tráfico de drogas provee de los recursos económicos y logísticos a los terroristas y estos, a su vez, protegen y garantizan esta actividad, sobre todo en la zona del VRAE.
Probablemente, estos no son los únicos problemas que tendrá que enfrentar el nuevo gobierno, puesto que hay otro factor tan importante como los anteriores, ya que entre sus partidarios tiene a defensores acérrimos del cultivo de la hoja de coca. Aunque no hayan sido reelectas las dirigentes cocaleras ya conocidas en el Congreso y el Parlamento Andino, éstas continúan formando parte del engranaje del nuevo partido que gobernará a partir del 28 de julio. Además, a ellas se ha sumado otro dirigente que proviene nada menos que de la zona del VRAE.
Frente a estos hechos, el panorama no se presenta tan fácil para el nuevo gobierno a fin de poder revertir el problema del terrorismo y el narcotráfico. Las primeras piedras en los zapatos del nuevo gobernante, sin duda alguna, serán sus seguidores, los dirigentes cocaleros que se encuentran próximos a él, que hasta hoy se oponen a la erradicación de la hoja de coca. Entonces, quizá lo primero que tendrá que hacer el nuevo presidente electo es convencer a sus seguidores para poder encontrar la fórmula más adecuada que permita reducir las áreas de cultivo de la hoja de coca; entonces, bien se convierten en verdaderos aliados para lograr una lucha frontal contra el tráfico de drogas o se produce una ruptura con todas las consecuencias que esto implicaría. De amigos podrían convertirse en enemigos por los intereses que defienden.
Si bien es cierto hasta la fecha el mayor énfasis que se dio para enfrentar este problema fue el aspecto policial y militar con el poco recurso asignado, para tal efecto es necesario que se diseñen nuevas políticas integrales que comprendan los temas de salud, educación, el problema social, el de infraestructura, entre otros. En suma, mayor presencia del Estado en todo el territorio nacional y no solo por el interés de derrotar al terrorismo y el narcotráfico, sino para el bienestar y tranquilidad de nuestro país.




